Tali llegó a Bait Lepletot hace ocho años, con una pequeña y estropeada maleta en mano. La asistente social que la había traído reportó que Tali fue encontrada en una habitación cerrada con llave, en aquel mismo lugar donde había pasado varias horas de su infancia. Los padres de Tali sufrían ambos de un trastorno emocional y su estabilidad mental empeoró de manera notable luego del nacimiento de la pequeña Tali. Rara vez, las necesidades básicas de Tali fueron proveídas.
Cuando Tali llegó a Bait Lepletot, carecía de todo sentido de confianza en cualquier ser humano o en el hecho que sus necesidades fueran proveídas. Tomó muchas sesiones de terapia y un cariño cuidadosamente brindado para enseñar lentamente a Tali que aquí es un lugar donde realmente se busca lo mejor para ella. Hoy en día, Tali es una niña feliz y bien adaptada, que cursa su décimo año de estudios. Ella tiene planes de estudiar diseño y convertirse en una diseñadora gráfica.

Tali B., 16 años.

Los padres de Natali inmigraron de Rusia a Israel cuando ella tenía sólo un año y medio de edad. Seis meses más tarde, la pareja se divorció y la madre de Natali quedó sola, sin una familia acogedora, sin trabajo, poco familiarizada con el idioma y con una pequeña niña para criar. La madre de Natali se hundió en una severa depresión. La pequeña Natali podía quedar llorando durante horas enteras en su desesperación por algo de comer, mientras su madre yacía acostada con apatía en la cama. Eventualmente, Natali aprendió a ocuparse de sí misma. Cuando ella tenía solo 4 años de edad, un vecino reportó acerca de la situación de la familia a las autoridades, y luego de una evaluación del asistente social, Natali fue rápidamente sacada de su casa y enviada a Bait Lepletot. Hoy en día, solo un año después de aquel día definitivo, Natali es una niña mucho más feliz que cuando llegó a nuestras puertas. Ella dejó de juntar restos de comida y aprendió los hábitos y la rutina de un hogar. Ella sonríe y juega con sus compañeras. Natali tiene aún un largo camino por delante, pero sus sonrisas ocasionales y el brillo en sus ojos indican que está bien encaminada en su trayectoria de sanar.

Natali N., 5 años

La madre de Rajel falleció cuando ella tenía seis años, dejándola casi sola en el mundo. Su padre, un hombre de trabajo, tampoco hasta el momento había estado demasiado presente en la vida de la niña, pero después de fallecer su madre se sintió menos dispuesto que antes a cuidar a su recientemente huérfana hija. Un año después de fallecer su esposa, el padre de Rajel volvió a contraer matrimonio y decidió que ya no podía ocuparse de su hija. Él la presentó para ser adoptada, pero en lugar de eso, los asistentes sociales la enviaron a Bait Lepletot, donde por fin recibió el amor y cariño maternal que tanto había estado ansiando desde el fallecimiento de su madre. Rajel llegó a Bait Lepletot como una niña emocionalmente herida, pero con la orientación y el cariño del equipo profesional, ella está lentamente sanando y ahora es una niña feliz y floreciente, con muchas amigas.

Rajel G., 8 años

El padre de Hodaya no fue nunca oficialmente diagnosticado, pero se cree que él sufre de una esquizofrenia aguda. En un principio, la madre de Hodaya guardaba esperanzas de poder mantener a la familia unida, pero luego de que los niños comenzaron a mostrar síntomas de trauma, la madre de Hodaya aceptó enviarla a ella y a tres de sus hermanos a instituciones donde se ocuparían de ellos lejos de los traumáticos altibajos que ofrece una vida en la sombra de un padre severamente psicótico. En Bait Lepletot, Hodaya recibe lluvias de cariño, intentando compensar por los varios meses que estuvo privada de toda atención. Ella aún se inhibe en presencia de otra gente, pero se ha abierto a sus amigas y miembros del plantel de Bait Lepletot. Actualmente se la ve mucho más relajada que aquella torturada y tensa pequeña niña que cruzó el umbral de nuestro hogar en un primer momento.

Hodaya S., 11 años