En Bisvilech, la fiesta de Janucá para las niñas fue un momento de calidez, alegría y fuerza serena.
Fue una noche donde la risa, las experiencias compartidas y la luz crearon un espacio de pertenencia y confianza.
Un lugar donde las niñas pudieron sentirse seguras, valoradas y simplemente ser ellas mismas.
Momentos como estos plantan algo duradero.
Nutren la fuerza interior.
Le recuerdan a cada niña que importa y que no está sola.
Así es como la luz crece silenciosamente y permanece.

