Cada niña que cruza nuestras puertas trae su propia historia. Aquí van algunas: cómo llegaron y en quiénes se están convirtiendo.

Tali llegó a Bayit Lepleitot hace ocho años con una pequeña y abollada maleta en mano. Hoy es una jovencita de 16 años, feliz y con brillantes perspectivas.
Encontrada encerrada bajo llave; llegó con una pequeña maleta abollada.
Una jovencita de 16 años feliz, que planea ser diseñadora gráfica.
A los cinco años ya había aprendido a valerse por sí misma.
Sonríe y juega con sus amigas: en el camino de sanar.
Huérfana de madre; su padre la ofreció en adopción.
Una niña exitosa y sonriente, con muchas amigas.
De una vida junto a un padre gravemente enfermo.
Se abrió a sus compañeras y al equipo: mucho más relajada.
Bayit Lepleitot me enseñó que mi vida; por más difícil que pareciera; valió la pena haberla atravesado. El afecto y la atención que recibí en Bayit Lepleitot me llevaron a adiestrarme como asistente social, pudiendo ahora ayudar a otras personas en sus momentos de crisis y necesidad.

No vivo en un orfanato, sino que tengo la dicha de vivir junto a mi familia de Bayit Lepleitot. Vivimos todas juntas en un lugar hermoso y afectuoso donde podemos crecer y prosperar. Nuestro futuro es súper prometedor.

Durante mis años en Bayit Lepleitot, el apoyo y el ánimo que nuestros sponsors del otro lado del océano nos brindaban, ayudaba a levantar nuestra moral y alzarnos de espíritu. Al elegir sumarse a la enorme familia de Bayit Lepleitot, ellos nos embebieron con un verdadero sentimiento de orgullo.

Cuando me casé, me preocupaba un poco el hecho de que mi esposa había sufrido un pasado complicado y que eso afectara su capacidad de formar una familia estable y cariñosa. Mis miedos se disiparon gracias al apoyo y orientación que recibimos de un terapeuta profesional respaldado y patrocinado por Bayit Lepleitot. Me di cuenta de que, en realidad, Bayit Lepleitot no fue la institución donde mi esposa pasó sus años de infancia, sino que fue su enorme y cariñosa familia, preocupada por cada aspecto de su bienestar.

Como sponsor de Bayit Lepleitot hace ya varios años, estuve encantada de visitar el hogar personalmente en mi reciente viaje a Israel. Fue un momento de gran gusto que quedará por siempre grabado en mi memoria con aprecio.

Clasificar ropa, quitar manchas, planchar y doblar ropa para más de 300 niñas es una tarea difícil y físicamente agotadora. Pero es un trabajo que se hace con cariño. Jamás olvidaré cuando una niña nueva en este lugar se lanzó con sus brazos sobre mí y me dijo: 'Sra. Wertheimer, me e-n-c-a-n-t-a el aroma de mi ropa. ¡Huele como un jardín!' Esta tierna niña nunca había experimentado lo que significa vestir ropas frescas y recién lavadas. Es sumamente gratificante ver a las niñas anteriormente descuidadas que vestían ropas andrajosas y sucias, transformarse en niñas sonrientes y bien cuidadas y vestidas.
Más de trescientas niñas crecen hoy en Bayit Lepleitot: un hogar cálido, comidas, ropa, atención médica y emocional, escuela y capacitación vocacional, hasta el shiduj y la boda. Cada una de ellas es una historia de éxito que se está escribiendo ahora mismo.